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El síndrome costo-mandibular desde la perspectiva del higienista bucodental y la prevención

El síndrome costo-mandibular, descrito por James B. Costen en 1934, hace referencia a un conjunto de signos y síntomas relacionados con alteraciones funcionales de la articulación temporomandibular (ATM), anomalías oro-faciales que recuerdan a la anomalía de Pierre Robin que incluyen defectos del paladar (paladar duro corto, ausencia de paladar blando, ausencia de úvula), micrognatia y glosoptosis. Entre las manifestaciones más frecuentes se encuentran el dolor mandibular y preauricular, cefaleas, otalgia, tinnitus, sensación de oído tapado, mareos y molestias cervicales. Costen relacionó estos síntomas con problemas oclusales y con la pérdida del soporte posterior, lo que provocaría una alteración en la dinámica mandibular y la compresión de estructuras vecinas.

Aunque en la actualidad el síndrome costo-mandibular se engloba dentro de los trastornos temporomandibulares, el concepto sigue siendo útil para comprender el origen funcional y preventivo de estas alteraciones, especialmente en el ámbito de la atención primaria odontológica.

Desde el punto de vista del higienista bucodental, el enfoque del síndrome costo-mandibular es fundamentalmente preventivo, ya que se trata de una patología que puede evolucionar de forma progresiva si no se detectan y corrigen a tiempo los factores desencadenantes. El contacto periódico del higienista con el paciente durante las visitas de mantenimiento permite identificar de manera precoz signos y síntomas iniciales.

Entre los factores predisponentes descritos en la literatura se encuentran la pérdida de piezas dentarias posteriores, las alteraciones oclusales, el bruxismo, los hábitos parafuncionales (como morder objetos, onicofagia, apretar los dientes de forma inconsciente) y el estrés. Durante la consulta, el higienista puede observar signos clínicos como desgaste dental, facetas de abrasión, dolor a la palpación de la musculatura masticatoria, limitación de la apertura bucal o desviaciones mandibulares, que pueden indicar una posible disfunción costo-mandibular.

La educación sanitaria constituye uno de los pilares fundamentales de la prevención. Los profesionales de la higiene bucodental desempeñan un papel clave informando al paciente sobre la importancia de mantener una posición de reposo mandibular adecuada, evitar aperturas bucales excesivas o mantenidas, reducir hábitos parafuncionales y comprender la relación existente entre el estrés y la sobrecarga muscular. La profilaxis, una correcta higiene de la cavidad oral, detartrajes y fluoración tópica en barniz cuando esté indicado, constituyen intervenciones adicionales que pueden implementarse desde el ámbito de nuestra práctica profesional.

La literatura señala que la modificación de estos hábitos puede disminuir la intensidad de los síntomas y evitar la progresión del síndrome.

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En pacientes ya diagnosticados o con sintomatología compatible, el higienista debe aplicar medidas de prevención secundaria durante la atención clínica. Se recomienda adaptar las sesiones de higiene bucodental mediante citas más cortas, pausas frecuentes, uso de apoyos mandibulares y evitando mantener la boca abierta durante largos periodos de tiempo. Estas medidas contribuyen a reducir la sobrecarga de la ATM y de la musculatura asociada, previniendo el empeoramiento del cuadro clínico.

Asimismo, es fundamental el registro adecuado de los hallazgos clínicos y la comunicación con el odontólogo para facilitar una derivación temprana cuando sea necesario. Diversos estudios destacan que la detección precoz y el abordaje conservador mejoran el pronóstico del síndrome costo-mandibular y reducen el riesgo de cronificación del dolor.

El abordaje preventivo del síndrome costo-mandibular debe realizarse desde una perspectiva interdisciplinar, en la que el higienista bucodental colabora activamente con el odontólogo, el fisioterapeuta y, en algunos casos, el otorrinolaringólogo. Dentro de este equipo, el higienista actúa como una figura clave en la vigilancia funcional, la educación del paciente y el seguimiento de las medidas preventivas.

En conclusión, el higienista bucodental desempeña un papel esencial en la prevención, detección precoz y control del síndrome costo-mandibular. A través de la observación clínica, la educación sanitaria y la adaptación de la atención diaria, contribuye de manera significativa a mejorar la calidad de vida del paciente y a prevenir la progresión de esta disfunción temporomandibular.

 

Referencias:

  • Costen, J. B. (1934). A syndrome of ear and sinus symptoms dependent upon disturbed function of the temporomandibular joint. Annals of Otology, Rhinology & Laryngology.
  • Okeson, J. P. (2013). Management of temporomandibular disorders and occlusion. Elsevier.
  • Ash, M. M., & Ramfjord, S. (1995). Occlusion. W.B. Saunders.
  • Dawson, P. E. (2007). Functional occlusion: from TMJ to smile design. Mosby.
  • de Leeuw, R. (2018). Orofacial pain: guidelines for assessment, diagnosis, and management. Quintessence.
  • Humphrey, S. P., Lindroth, J. E., & Carlson, C. R. (2002). Routine dental care in patients with temporomandibular disorders. Journal of Orofacial Pain.
  • Peña, Y. (22 de mayo de 2017). Yanín Peña . https://www.femexer.org/16282/sindrome-cerebro-costo-mandibular.
  • Orphanet: Síndrome cerebrocostomandibular . (Dakota del Norte). https://www.orpha.net/es/disease/detail/1393?name=costo%20mandibular&mode=nombre.
  • Aretxabaleta, M., Xepapadeas, A. B., Poets, C. F., Koos, B., & Spintzyk, S. (2021). Fracture Load of an Orthodontic Appliance for Robin Sequence Treatment in a Digital Workflow. Materials, 14(2), 344. https://doi.org/10.3390/ma14020344 . *1

 

María Garrido Valencia

Higienista Dental (col. 280543)

Comisión de pacientes con necesidades especiales.

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